Ana Ibáñez: Desbloqueando el Poder del Cerebro para una Vida Plena

La neurocientífica Ana Ibáñez, en su obra más reciente, 'Neurociencia para la vida real', desvela una guía práctica para optimizar la función cerebral y alcanzar una existencia más satisfactoria. La experta sostiene que el cerebro humano, dotado de una asombrosa plasticidad, es susceptible de mejora continua a cualquier edad, siempre y cuando se le dedique el esfuerzo y la voluntad necesarios. Su método, estructurado en diez pasos, busca potenciar el rendimiento cognitivo y emocional, abordando desde la recuperación de habilidades perdidas hasta la gestión del estrés y la importancia del descanso consciente.

Ibáñez, con una trayectoria que abarca la ingeniería química, la natación de alto nivel y la aviación, personifica la capacidad de superación. Durante más de quince años, ha profundizado en la neurociencia aplicada, desarrollando un enfoque innovador que beneficia a deportistas de élite, ejecutivos y personas de todas las edades. Su trabajo en los centros MindStudio demuestra que el entrenamiento cerebral es una herramienta poderosa para el crecimiento personal.

La edad no representa una barrera para el desarrollo cerebral, enfatiza Ibáñez. Aunque la infancia y la juventud (hasta los 25 años) son periodos de mayor facilidad para la plasticidad, el cerebro mantiene su capacidad de adaptación a lo largo de toda la vida. Curiosamente, la neurocientífica señala que los siete años son una etapa óptima para iniciar el entrenamiento cerebral, dada la maduración del cerebro en ese momento.

Respecto a la recuperación de facultades cognitivas en la vejez, la especialista asegura que, si bien no se puede revertir completamente el proceso de desgaste natural, es totalmente factible recuperar una parte significativa de lo perdido. Actividades como los juegos en línea, crucigramas o el aprendizaje de nuevos idiomas son altamente beneficiosas, funcionando como un gimnasio para la mente, similar al ejercicio físico para el cuerpo.

El estrés crónico, un desafío común en la sociedad actual, se caracteriza por una pérdida de flexibilidad del sistema nervioso. Ibáñez explica que esta condición puede desencadenar ansiedad, afectando el bienestar físico y mental. Para contrarrestarlo, es crucial establecer rutinas de relajación, encontrar momentos de calma a través del ejercicio, la música o la naturaleza, y aprender a reprogramar la respuesta al estrés.

La ansiedad, más prevalente en mujeres debido a su predisposición cerebral a estar atentas al entorno y a una autoexigencia elevada, requiere un enfoque distinto. La neurocientífica aconseja aprender a relajarse, reducir el perfeccionismo y, fundamentalmente, practicar el descanso y el disfrute sin sentimientos de culpa. Esto implica equilibrar las múltiples facetas de la vida y preservar un espacio para el cuidado personal y la desconexión.

Para combatir los pensamientos negativos y obsesivos, Ibáñez sugiere un entrenamiento consciente para validar solo aquellos que construyen. La energía personal juega un papel vital: descansar adecuadamente, bailar, buscar un propósito y rodearse de personas que aporten positividad son claves para que la corteza prefrontal genere pensamientos más optimistas.

Incluso aquellos con tendencias negativas arraigadas pueden transformarse. La experta indica que el cerebro se acostumbra a ciertos patrones de pensamiento, considerándolos 'seguros'. Para cambiarlos, es necesario persuadir al cerebro de que una perspectiva más positiva es preferible. Declaraciones como 'soy una persona que piensa en positivo' y un aumento general de la energía personal son estrategias efectivas.

Sobre la interacción con individuos que 'intoxican' el ambiente, Ibáñez prefiere no hablar de 'personas tóxicas' sino de aquellas cuya energía no es constructiva. Propone elegir la energía que uno desea proyectar, fortalecerla con el ejercicio, el descanso y buenas compañías, y decidir qué tipo de energía se quiere recibir, respondiendo con amabilidad y empatía para desarmar la negatividad. Para ayudar a otros, es más efectivo elogiar sus actitudes positivas que señalar las negativas.

La concentración, afectada por el uso excesivo de pantallas, puede recuperarse entrenando al cerebro para mantener la atención sostenida. Esto implica programar momentos de concentración tranquila, permitiendo que el cerebro genere frecuencias beta y alfa, y aumentando progresivamente el tiempo de atención. Además, la neurocientífica distingue entre dormir y descansar, señalando que dormir bien es un arte que se puede perfeccionar y que el descanso efectivo no siempre se mide por la cantidad de horas de sueño.

Finalmente, Ana Ibáñez subraya la profunda conexión entre la salud física y mental. El sedentarismo emerge como un enemigo principal del cerebro, limitando su flexibilidad y adaptabilidad. Mover el cuerpo no solo mejora la condición física, sino que también estimula la mente, abriendo nuevas vías de pensamiento y creatividad. La respiración consciente, especialmente aquella con exhalaciones prolongadas, es identificada como un vehículo directo para calmar el sistema nervioso y armonizar mente y cuerpo.