Mariscos: La Proteína Estelar del Verano, según Expertos

Al considerar fuentes proteicas de calidad, la mente suele evocar imágenes de pavo, pollo o huevos. Sin embargo, en la temporada estival, una opción superior emerge, recomendada por especialistas en nutrición: el marisco. La dietista-nutricionista Paloma Quintana enfatiza que los productos del mar constituyen una de las fuentes proteicas más destacadas para incorporar a la alimentación durante los meses cálidos. Esta preferencia se justifica no solo por sus cuantiosos beneficios para la salud, sino también por su adaptabilidad en diversas preparaciones culinarias, su ligereza y su sintonía con el consumo de alimentos de estación.

El marisco es un pilar nutricional de alto valor biológico. Paloma Quintana detalla que esta categoría de alimentos suministra todos los aminoácidos esenciales necesarios para el organismo, lo que lo convierte en un aliado fundamental para el mantenimiento y la recuperación muscular, especialmente relevante en un periodo de mayor actividad física. Más allá de su composición proteica, el marisco es una verdadera mina de micronutrientes, aportando minerales vitales como zinc, selenio, yodo, hierro y magnesio, cruciales para el metabolismo, el sistema inmunológico, la función tiroidea y la oxigenación celular. Además, es rico en vitaminas del grupo B, en particular la B12, indispensable para la energía y la salud neurológica. No menos importantes son sus ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), conocidos por sus propiedades antiinflamatorias y su papel protector del corazón y el cerebro. Algunos moluscos también contienen antioxidantes como la astaxantina, que beneficia la piel, la vista y el cabello.

Para un consumo óptimo y seguro, se sugiere priorizar el marisco salvaje, de temporada y proveniente de aguas limpias. En cuanto a la elección del formato, tanto el marisco fresco, si se consume rápidamente y se garantiza su origen, como el congelado, que preserva sus nutrientes con una adecuada cadena de frío, son excelentes opciones. Las conservas en cristal con aceite de oliva virgen extra también son una alternativa práctica y saludable. Es crucial evitar las conservas con aceites refinados o aditivos excesivos. Durante el verano, la manipulación segura es primordial: mantener la cadena de frío es esencial para prevenir riesgos. Si se va a consumir crudo, la fiabilidad del origen y el control sanitario son innegociables. Para poblaciones vulnerables como niños pequeños, embarazadas o personas inmunodeprimidas, la cocción del marisco es la opción más segura. Aunque existen riesgos de contaminación como con cualquier alimento, seguir las prácticas de higiene adecuadas, como cocinarlo bien y respetar la cadena de frío, minimiza estos peligros. La apariencia, el olor y la textura del marisco son indicadores clave de su frescura, siendo una guía para el consumidor.

El marisco es un alimento sumamente beneficioso para quienes buscan controlar su peso o mejorar su perfil lipídico. Su bajo contenido calórico, alta capacidad saciante y riqueza proteica lo hacen idóneo para regular el apetito. Los omega-3 que contiene contribuyen a optimizar los niveles de triglicéridos y a mitigar la inflamación sistémica, favoreciendo así la salud metabólica y cardiovascular. Por consiguiente, más allá de ser un manjar para ocasiones especiales, el marisco debería ser un componente regular de una dieta consciente y equilibrada. Los expertos sugieren incorporarlo de dos a tres veces por semana, o incluso con mayor frecuencia, combinándolo con otras fuentes de selenio, como las nueces de Brasil, para ayudar a neutralizar posibles metales pesados. En síntesis, el marisco se revela como una proteína completa, fresca y versátil, perfectamente adaptada a las exigencias y al estilo de vida del verano, constituyendo un aliado excepcional para el bienestar.