Migraña y el invierno: Consejos para reducir las crisis

En la estación invernal, es común que las personas que padecen migraña experimenten un aumento en la frecuencia e intensidad de sus episodios. Los especialistas confirman que esta relación no es una mera percepción, sino que se debe a una combinación de factores climáticos y ambientales propios de esta época. Los cambios bruscos de temperatura, la menor exposición a la luz solar, el estrés asociado a las festividades, los ambientes secos por la calefacción y la reducción de la actividad física son elementos que contribuyen a desencadenar o agravar estas crisis. Sin embargo, mediante la adopción de hábitos saludables y ciertas precauciones, es posible gestionar y disminuir la incidencia de la migraña durante los meses más fríos.

El Invierno, un Desafío para Quienes Sufren Migraña: Expertos Ofrecen Soluciones

El 7 de enero de 2026, en el Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre y a través de la Sociedad Española de Neurología (SEN), los neurólogos Jorge Máñez y Roberto Belvís señalaron la estrecha relación entre la llegada del invierno y el incremento de las crisis de migraña. Máñez destacó que la estación fría concentra diversos desencadenantes, mientras que Belvís enfatizó que no es el frío en sí, sino el conjunto de cambios asociados a él, lo que exacerba esta cefalea primaria. Ambos expertos subrayaron que la migraña, una condición neurológica que afecta a millones, encuentra en el invierno un terreno propicio para manifestarse con mayor virulencia.

Uno de los principales detonantes mencionados fue la inestabilidad atmosférica. Belvís explicó que las variaciones rápidas en la presión barométrica, causadas por borrascas y anticiclones, son especialmente perjudiciales para los cerebros sensibles a la migraña. Este fenómeno es más común en invierno, lo que convierte a la estación en un período de riesgo elevado. Además, Máñez hizo hincapié en el contraste térmico, como el paso abrupto de un espacio cálido y cerrado a la intemperie gélida, un choque que genera estrés fisiológico y puede provocar una respuesta inflamatoria culminando en un ataque migrañoso.

Desde una perspectiva neurológica, el frío induce una vasoconstricción inicial seguida de una vasodilatación compensatoria, un proceso que, según Máñez, puede activar las terminaciones del nervio trigémino, clave en el dolor migrañoso. Sin embargo, Belvís matizó que en climas como el español, las temperaturas no suelen ser extremas para causar un efecto directo severo. En cambio, destacó que el frío intenso puede generar tensión y contracturas musculares en cuello y hombros, favoreciendo cefaleas tensionales que a menudo se confunden con la migraña. La exposición constante a la calefacción también juega un papel, ya que reduce la humedad, reseca las mucosas y provoca deshidratación, factores que facilitan la aparición del dolor de cabeza.

Los especialistas también abordaron el impacto del estrés invernal. Belvís resaltó que el estrés, incluso el asociado a eventos positivos como las celebraciones navideñas, es un frecuente desencadenante de migraña. Los viajes, las comidas copiosas, los horarios irregulares y el consumo de alcohol alteran los biorritmos y el metabolismo, desequilibrando el organismo. La reducción de la luz solar en invierno también afecta el estado de ánimo, la vida social y la actividad física, siendo esta última un protector natural contra la migraña. Permanecer en interiores y adoptar posturas prolongadas incrementa la rigidez muscular y el riesgo de cefaleas.

Para mitigar estas crisis, Belvís aconsejó priorizar hábitos saludables. Recomienda salir de casa siempre que sea posible, incluso con bajas temperaturas, para aprovechar las horas de sol y mantener una vida social activa, lo cual actúa como un escudo protector. Modificar el uso de la calefacción, especialmente durante la noche, es crucial para evitar la deshidratación. La hidratación constante, consumiendo pequeños sorbos de agua a lo largo del día, junto con una alimentación regular y equilibrada, sin excesos de alcohol, son medidas esenciales. Finalmente, Belvís enfatizó la importancia de un descanso adecuado, dormir las horas necesarias para una recuperación óptima, como una de las estrategias más efectivas para reducir la frecuencia de los episodios migrañosos.

Este análisis nos invita a reflexionar sobre la importancia de adaptar nuestras rutinas diarias a los cambios estacionales, especialmente cuando se trata de condiciones crónicas como la migraña. La información proporcionada por los neurólogos Belvís y Máñez subraya que, aunque no podemos controlar el clima, sí podemos influir significativamente en cómo nuestro cuerpo reacciona a él. La prevención activa, mediante un estilo de vida consciente y el cuidado de los detalles cotidianos, se revela como una herramienta poderosa para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con migraña. Es un recordatorio de que la salud no solo depende de tratamientos médicos, sino también de nuestra capacidad para escuchar y responder a las necesidades de nuestro propio organismo.