Duchas calientes y sus efectos en la glucosa y el metabolismo: Mitos desmentidos por la endocrinóloga Andrea Azcárate

Esta noticia aborda la creencia popular de que las duchas prolongadas y a alta temperatura pueden alterar el metabolismo y elevar los niveles de glucosa en la sangre. La Dra. Andrea Azcárate, destacada endocrinóloga, desmiente estos mitos, explicando que, aunque el calor extremo puede causar una ligera y breve subida de azúcar debido a la liberación de hormonas de estrés, este efecto es insignificante en personas sanas y no afecta el control glucémico a largo plazo. También aclara que el metabolismo y la insulina no se ven perjudicados por las duchas calientes, y subraya que el estrés crónico es un factor mucho más relevante para el equilibrio glucémico que el agua caliente.

La verdad sobre las duchas calientes y sus efectos en tu organismo

El 21 de febrero de 2026, la endocrinóloga Andrea Azcárate, quien lidera el departamento de Endocrinología en el Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, abordó una pregunta común: ¿las duchas prolongadas y muy calientes realmente afectan los niveles de glucosa y el metabolismo? La doctora desmintió la mayoría de las preocupaciones, proporcionando claridad basada en evidencia médica. Explicó que el calor intenso puede generar una respuesta de estrés menor en el cuerpo, provocando una liberación de adrenalina que, a su vez, podría causar una elevación mínima y de corta duración en los niveles de azúcar en la sangre. Sin embargo, enfatizó que esta variación es tan breve que carece de impacto clínico en la mayoría de los individuos, especialmente en aquellos que no padecen diabetes.

Asimismo, la Dra. Azcárate disipó el mito de que las duchas calientes ralentizan el metabolismo. Argumentó que el gasto energético basal, que es la energía que el cuerpo consume en reposo, está determinado por factores estructurales como la composición corporal y la función tiroidea, y no por exposiciones breves al calor. Del mismo modo, la experta aseguró que la insulina, la hormona vital para la regulación de la glucosa, no se ve alterada por la temperatura del agua de la ducha. No obstante, hizo una advertencia importante para personas con diabetes que padecen neuropatía: el principal riesgo no es una descompensación metabólica, sino la posibilidad de quemaduras debido a la pérdida de sensibilidad. Para el resto, el mensaje fue tranquilizador: disfrutar de una ducha tibia o caliente, no extrema, puede incluso ser beneficioso al reducir el estrés, un factor conocido por influir negativamente en la glucosa.

Esta revelación de la Dra. Azcárate nos invita a cuestionar las creencias populares sobre nuestra salud. A menudo, nos preocupamos por pequeños detalles, como la temperatura del agua al ducharnos, sin darnos cuenta de que factores más significativos, como el estrés crónico, tienen un impacto mucho mayor en nuestro bienestar. Es un recordatorio de la importancia de buscar información basada en ciencia y de no dejarnos llevar por mitos sin fundamento. Una ducha relajante puede ser un momento de alivio para el estrés, lo cual, paradójicamente, puede contribuir a una mejor regulación de la glucosa. Al final, el equilibrio y la moderación son clave, y la tranquilidad mental a menudo supera las preocupaciones infundadas.