Laia Sabaté: Entendiendo y Superando el Pensamiento Excesivo

El exceso de pensamiento, conocido como 'overthinking', no es simplemente una característica de la personalidad, sino una señal de que la mente intenta protegerse del miedo, la incertidumbre o el malestar emocional. Sin embargo, esta estrategia, lejos de brindar calma, puede generar agotamiento y desconexión con las propias emociones. Laia Sabaté, una destacada psicóloga sanitaria, explora este fenómeno en su obra 'Cómo dejar de dar vueltas a todo', ofreciendo una guía para quienes buscan liberarse de la rumiación y fortalecer su confianza. La falta de educación emocional temprana se identifica como un factor clave que dificulta la gestión de los sentimientos.

El 'overthinking' no debe confundirse con la reflexión profunda. Mientras que el pensamiento constructivo ayuda a tomar decisiones y organizar ideas, el sobrepensamiento se caracteriza por ser repetitivo, circular e infructuoso, sin ofrecer soluciones que generen tranquilidad. Según Sabaté, este patrón mental es un intento de la mente por encontrar seguridad y control en situaciones de vulnerabilidad, actuando como un mecanismo de defensa para evadir el sufrimiento. No obstante, cuando este mecanismo se vuelve disfuncional, se convierte en una fuente constante de ansiedad.

La raíz del 'overthinking' a menudo se encuentra en una profunda necesidad de estabilidad emocional. Desde la infancia, se puede aprender, de manera inconsciente, que la anticipación, el análisis exhaustivo y la racionalización excesiva pueden prevenir errores, el rechazo o el abandono. Esta dinámica está ligada frecuentemente a experiencias tempranas y a vínculos afectivos inestables. Cuando el entorno es impredecible, la mente asume el control, transformando el pensamiento en una herramienta de control. El desafío reside en que la vida, las relaciones y las decisiones importantes no pueden ser totalmente controladas, y el intento excesivo de dominarlas mentalmente puede conducir a un ciclo de duda y vigilancia.

Las manifestaciones del 'overthinking' van más allá de la mente, afectando también el cuerpo y la vida diaria. Insomnio, irritabilidad, fatiga crónica, dolores inexplicables y una sensación constante de alerta son indicadores comunes. A nivel emocional, surgen la culpa, la vergüenza y una autocrítica severa. La procrastinación es otra consecuencia frecuente, ya que el exceso de análisis paraliza la acción. A pesar de los esfuerzos por analizar, el progreso se estanca, y el cuerpo eventualmente resiente la constante actividad mental.

En el ámbito de las relaciones, el 'overthinking' se disfraza de dudas persistentes sobre la idoneidad de la pareja, la intensidad de los sentimientos o el miedo a conformarse. Estas interrogantes no siempre señalan problemas reales, sino una desconexión emocional. Cuando la mente prevalece, las emociones quedan relegadas. Surge la necesidad de comprenderlo todo y obtener certezas absolutas en aspectos naturalmente variables. El resultado es una distancia emocional, tanto con la pareja como con uno mismo, ya que el exceso de análisis sobre los sentimientos puede alejar de la comprensión genuina.

En el entorno laboral, el 'overthinking' se nutre de la cultura de la productividad incesante. La creencia de que nunca es suficiente, la anticipación de errores y la revisión mental constante de cada decisión generan una presión silenciosa pero intensa. La mente no descansa, incluso cuando el cuerpo está exhausto, lo que conduce al perfeccionismo, el temor al fracaso y la sensación de insuficiencia. A largo plazo, este estado mental erosiona la motivación y la autoestima, transformando el trabajo en una fuente continua de ansiedad. Pensar en exceso no mejora el desempeño profesional, solo aumenta el cansancio.

Para abordar el 'overthinking', es crucial entender ciertos procesos. El trauma con 't' minúscula se refiere a experiencias acumulativas que, aunque no sean eventos mayores, dejan una huella. La vergüenza surge al vincular el valor personal a la aprobación externa. Los pensamientos en cadena ilustran cómo la mente salta de una idea a otra sin asentarse en el presente. El desplazamiento implica preocuparse por temas secundarios para evadir otros más dolorosos. Comprender estos mecanismos no es para etiquetarse, sino para obtener un contexto. Al entender la razón detrás de estos patrones de pensamiento, se deja de uno mismo por ellos.

El objetivo no es suprimir la mente ni actuar impulsivamente; el pensamiento es una herramienta esencial. El problema surge cuando se confunde escuchar con vigilar. Hay una diferencia sutil entre reflexionar y vivir en estado de alerta constante. El 'overthinking' sugiere que, con suficiente pensamiento, se encontrará la solución perfecta. Sin embargo, muchas decisiones importantes no se resuelven solo con la lógica, sino a través de una conexión más profunda que incluye el cuerpo, las emociones y los valores. Aprender a tolerar la incertidumbre no es resignarse, sino aceptar que no todo puede resolverse únicamente con el intelecto.

Para salir del ciclo de pensamiento excesivo, no se trata de evitar las dudas, sino de interactuar con ellas de una manera diferente. Identificar lo que sucede, recordar que pensar no es sentir y evitar tomar decisiones bajo un bucle obsesivo son pasos fundamentales. También es útil establecer metas pequeñas y alcanzables, y buscar apoyo en personas de confianza. La incertidumbre no desaparece, pero se puede aprender a tolerarla, lo que reduce la urgencia mental. La psicóloga Sabaté enfatiza que “Vivir con la incertidumbre no nos resulta fácil, ya que es incómoda y nos pone a prueba. Aprender a convivir con ella requiere habilidades que, en el contexto actual, no siempre tenemos entrenadas: la paciencia, el anclaje en el momento presente o la aceptación. En un mundo que avanza tan rápido, estas capacidades se convierten en verdaderos retos”. Practicar la tolerancia a la incertidumbre puede comenzar con pequeñas frustraciones diarias, permitiendo que las cosas no salgan perfectas sin intervenir de inmediato, como dejar el sofá desordenado o no responder un correo al instante.

El 'overthinking' no es un oponente; es un indicio de que se busca seguridad internamente. El verdadero cambio consiste en aprender a escucharlo sin dejarse atrapar. Pensar menos no implica vivir superficialmente, sino con mayor conciencia, coherencia interna y una serenidad que no depende de tener todas las respuestas claras.