Secretos de la longevidad: El sorprendente caso de María Branyas y el impacto del yogur en su microbioma

La búsqueda de una vida más larga y plena ha sido una constante en la historia de la humanidad. Hoy en día, la ciencia nos ofrece nuevas perspectivas sobre cómo alcanzar este objetivo, combinando factores genéticos con hábitos de vida saludables. El reconocido genetista y experto en longevidad, Dr. Manel Esteller, ha profundizado en este fascinante campo, revelando cómo tanto nuestra herencia biológica como nuestras decisiones diarias influyen en nuestra esperanza de vida. Un caso de estudio que ha capturado la atención de la comunidad científica es el de María Branyas, una mujer que alcanzó la asombrosa edad de 117 años, cuya historia ofrece valiosas lecciones sobre el poder de una microbiota intestinal saludable, impulsada, entre otros factores, por un consumo regular de yogur natural.

El Dr. Manel Esteller, una eminencia en el campo de la Medicina y la Cirugía, y catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona, ha dedicado gran parte de su carrera a desentrañar los misterios de la epigenética y la longevidad. Su investigación sobre María Branyas, la mujer más longeva del mundo hasta su fallecimiento en 2024, ha puesto de manifiesto la intrincada relación entre la predisposición genética y la adopción de un estilo de vida que promueva el bienestar. Esteller destaca que, si bien la genética familiar puede predecir aproximadamente el 50% de nuestra longevidad, los hábitos cotidianos desempeñan un papel igualmente crucial.

Según el Dr. Esteller, una herencia genética favorable, evidenciada por la ausencia de enfermedades graves en el árbol genealógico y la longevidad de los ancestros, es un buen punto de partida. Sin embargo, complementa esta predisposición con una serie de prácticas esenciales: evitar el tabaco y el alcohol, realizar ejercicio físico moderado diariamente (como caminar), incorporar entrenamiento de fuerza y mantener una alimentación equilibrada, baja en azúcares y grasas no saludables. Para María Branyas, estos hábitos se combinaron con un factor que resultó ser clave: una microbiota intestinal excepcionalmente funcional y joven.

El estudio de María Branyas reveló que su tracto intestinal albergaba una gran cantidad de bifidobacterias y otros microorganismos beneficiosos, con un perfil antiinflamatorio y una baja presencia de microbios asociados al envejecimiento prematuro. Un detalle sorprendente fue su consumo diario de hasta tres yogures naturales sin azúcar. Este hábito, según el inmunólogo Alfredo Corell, fue fundamental para que Branyas mantuviera una microbiota comparable a la de una persona de 20 años, incluso a sus 117 años. Los probióticos presentes en el yogur, al contener bacterias vivas beneficiosas, son esenciales para fortalecer el sistema inmunitario y la salud digestiva, contribuyendo a la creación de compuestos que combaten patógenos y promueven respuestas inmunitarias adecuadas.

Más allá del yogur, otras opciones fermentadas como el kéfir, las versiones vegetales del yogur (a base de soja o avena), el chucrut, el tempeh, la kombucha, el kimchi y el miso, también ofrecen estos valiosos probióticos y prebióticos. Estos alimentos no solo mejoran la digestión, sino que también pueden influir positivamente en la prevención de alergias, infecciones respiratorias y ciertas enfermedades. Así, el caso de María Branyas se convierte en un testimonio viviente de cómo una combinación de factores genéticos y una dieta rica en alimentos fermentados pueden ser pilares fundamentales para una vida prolongada y de calidad.