Radiografía de la Salud Cardiovascular en España: Desafíos y Avances

La salud cardiovascular en España se enfrenta a un desafío considerable, siendo la segunda causa de mortalidad en el país, solo superada por los tumores. Con más de 113.000 fallecimientos en 2024 atribuidos a enfermedades circulatorias, que representan el 26% del total, se subraya la urgencia de una acción integral. Particularmente preocupantes son las enfermedades isquémicas del corazón, responsables de casi 27.000 muertes, y las enfermedades cerebrovasculares, que causaron alrededor de 23.000 decesos. Ante este panorama, es crucial examinar en detalle las estrategias y la atención que se brinda para abordar estas patologías.

Un informe reciente, elaborado por Cardioalianza, una federación de asociaciones de pacientes cardiovasculares, analiza la situación actual basándose en las respuestas de nueve consejerías de sanidad autonómicas. El estudio revela puntos fuertes significativos, como la existencia de marcos estratégicos bien definidos en todas las comunidades autónomas, que priorizan las enfermedades cardiovasculares e incluyen indicadores de seguimiento, rutas asistenciales, prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación. También se valoran positivamente la atención psicosocial, el empoderamiento del paciente y el uso de tecnologías digitales. Sin embargo, persisten debilidades importantes, entre ellas la heterogeneidad asistencial entre regiones, que limita la implementación efectiva de protocolos y afecta la equidad. Se destaca la financiación insuficiente, la disparidad en los recursos para rehabilitación cardíaca, la inconsistencia en los registros de datos y la falta de una perspectiva de género generalizada en los planes de salud, así como una participación irregular de los pacientes en la planificación y evaluación.

España posee una base estratégica sólida para alinear su atención cardiovascular con objetivos europeos, pero la implementación práctica dista de ser uniforme. Es indispensable una coordinación y un liderazgo más fuertes a nivel nacional, garantizando criterios comunes, financiación adecuada y mecanismos de evaluación comparables. Esto permitiría superar las disparidades territoriales y asegurar que todos los ciudadanos reciban una atención de calidad, oportuna y equitativa, mejorando así significativamente los resultados en salud cardiovascular para el conjunto de la población.